¡Es el neoliberalismo, estúpido!

El neoliberalismo es una ideología tan exitosa que domina nuestra vida y es capaz de lograr que la ignoremos y evitemos nombrarla, pensarla y discutirla.

Ha jugado un papel mayor en una gran variedad de crisis: la hecatombe financiera de 2007-2008, la fuga de capitales hacia paraísos fiscales (en los cuales los Panama Papers son apenas un atisbo), el lento colapso de la educación y de la salud públicas, el incremento de la pobreza infantil (y la pobreza generalizada, agrego), la epidemia de soledad, el colapso ambiental o el ascenso de Donald Trump. Hemos cometido el error de responder de manera aislada a estas crisis, sin darnos cuenta de que todas ellas han sido catalizadas o exacerbadas por la misma filosofía coherente, una filosofía que tiene un nombre: el neoliberalismo.

Las anteriores ideas forman parte de la introducción del artículo (y libro) de George Monbiot, Neoliberalism – the ideology at the root of all our problems, es un recuento puntual de qué es esta doctrina, de sus raíces teóricas (que se encuentran en las ideas de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek), y de cómo fue ganando consenso y aceptación que llevaron a Ronald Reagan y a Margaret Thatcher a abrazar esta ideología y convertirla en el centro de la política económica que desde finales del siglo XX se ha convertido en la ideología económica dominante, sin que eso que llamamos izquierda haya sido capaz de balbucear siquiera una mínima alternativa.

Parafraseando la expresión que jugó un papel decisivo en la campaña que permitió a Bill Clinton ganar la presidencia en 1992 (“Es la economía, estúpido“), para entender y transformar nuestra realidad debemos recordar: “Es el neoliberalismo, estúpido“.

El artículo se puede leer en este vínculo.

Trump y Siria o de la guerra como un recurso para ganar legitimidad

Con el ataque de misiles a Siria que lanzó Estados Unidos en contra de una base militar de la se cree que partió el avión que bombardeó la zona rebelde de Khan Sheikhum, Trump ha transformado dramáticamente su presidencia: la pone en sintonía con lo que se le había pedido desde siempre, que se comportara como “un presidente de Estados Unidos”; aparte, es una buena manera de desviar atención de las investigaciones en su contra por sus vínculos con Rusia (que, de paso, le permite distanciarse de su antiguo “amigo” Putin); finalmente, es una apuesta (segura) para lograr unidad nacional en torno a su presidencia, como bien lo demuestra el apoyo de congresistas republicanos y demócratas. Es probable que Trump logre un aumento en su aprobación.

Se confirma que Trump no es un aislacionista, sino un militarista. ¿Será que esta es su primera guerra para volver a Estados Unidos “ganador”?

P. D. Con esta entrada, aspiro a ser constante en este blog. Así sea.