Educación para los tiempos de neoliberalismo

Los alumnos que han tomado clase conmigo saben que tengo una serie de ideas que dan sentido a mis clases, una de ellas clave: que para su formación profesional necesitan una serie de conocimientos básicos que les ayudarán a saber en dónde están parados y que deben salir de su zona de confort.

Corrientes pedagógicas que cada equis tiempo se presentan como la solución para solucionar el desarreglo en que se encuentra la educación en México ven como desechables a los conocimientos generados por las humanidades y disciplinas como la historia, la filosofía, la sociología, entre otras; tales corrientes tienen el común denominador de que los conocimientos de las ciencias sociales y las humanidades son superfluos en esta etapa de la globalización.

En la medida en que fui editor a lo largo de seis años de un blog y de una página, ambos de ciencia y tecnología, estoy de acuerdo en el país necesita impulsar que más jóvenes se interesen por estudiar carreras de perfil científico y tecnológico.

Sin embargo, esta manera parcial de ver la educación es contraproducente.

Nos encontramos en una época en la que los conocimientos de ciencias sociales y de humanidades están siendo desplazados en importancia de los programas de estudio en diversos niveles educativos, lo que considero un error. En la siguiente cita se expresa con claridad que el problema central de nuestra actual cultura es:

“[E]l haber ido olvidando la responsabilidad de transmitir a las jóvenes generaciones el rico patrimonio de ideas y de obras que el hombre ha concebido durante su turbulenta historia. El habitar el instante y vivir en un presente sin raíces es uno de los rasgos centrales de nuestro tiempo“.

Estamos haciendo que los jóvenes se conviertan en unos nuevos bárbaros, aquellos que son útiles para las necesidades del actual mercado mundial globalizado: se busca que no piensen, que no sean críticos y que se centren en las labores para las que fueron preparados por el sistema educativo; esto es, “los dejamos a merced de las fuerzas del mercado” y los estamos privando también “de un derecho crucial: elegir una tradición desde la cual pensarse a sí mismos“.

La falta de esas herramientas para entender qué momento de la civilización están viviendo los jóvenes significa que les estamos privando también de su capacidad de pensamiento y crítico independiente para enfrentar el mundo globalizado y neoliberal que les tocará enfrentar.

Finalmente, no sólo es necesario dotar a los jóvenes de esos pensamientos en los que las fuerzas del mercado quieren sumirlos, sino que es menester también sacarlos de su zona de confort para llevarlos hacia su zona de aprendizaje, en la que desarrollarán su capacidad crítica y su crecimiento personal.

¿Se consideran parte de los nuevos bárbaros? ¿Se atreven a soñar y a realizar esos sueños?

Para profundizar en estas ideas:

Los nuevos bárbaros

Humanities teach students to think. Where would we be without them?

En cuanto a la zona de confort, ver el siguiente video:

 

Urbanismo globalizado: ciudades convertidas en un gran centro comercial

La globalización ha cambiado muchos aspectos de nuestras vidas de una manera en la que aún no nos damos cuenta, pero aún está por transformarla de manera más profunda; y las ciudades son un espacio en el cual ese cambio se va a manifiestar de manera notable.

Ciudades contemporáneas transcurrieron sin grandes cambios a lo largo de varios siglos hasta que la segunda revolución industrial (que incluyó la invención del automóvil, el uso del acero para levantar rascacielos y la creación de los centros comerciales o “malls“) permitió adecuar sus características y dimensiones a lo que se demandaba.

A diferencia de la tendencia de cierres masivos de centros comerciales que se observa en ciudades antes industrializadas de Estados Unidos (justo en las que Donald Trump se alzó con la victoria), con la globalización estamos asistiendo en países desarrollados a una nueva propuesta que busca redefinir a los centros o plazas comerciales como el centro citadino, entendidos como los nuevos “lugares donde hay que estar“, en los que hay que “comprar, comer, beber, jugar, todo bajo un magnífico techo“.

Se habla de un nuevo tipo de urbanismo global en el cual el centro comercial difícilmente se puede distinguir de la ciudad, en la que ésta se está volviendo en un gran centro comercial; frente a espacios cerrados, vigentes en el siglo XX, se plantea la idea de “ciudad abierta”, en la que los centros comerciales cumplirían funciones similares a las ciudades.

El centro comercial no estaría muerto, sino integrándose de una manera más profunda con las ciudades, con lo que la ciudad se convertirá en un gran centro comercial.

Siendo la globalización un fenómeno que tiende a trasladar ideas de un país a otro, no siempre adaptándolas a la nueva realidad, ¿qué consecuencias puede traer para nuestras ciudades que tienen un nivel menor de desarrollo que Nueva York, Beijing, Melbourne o Hong Kong? ¿Cómo viviremos la muerte de centros comerciales como los conocemos y la conversión de las ciudades en centros comerciales? ¿Qué pasará con los comercios no incluidos en esos nuevos “malls“? ¿Cómo creen que les afectarán esta nueva forma de ciudad?

Las lecturas de esta entrada son:

All under one roof: how malls and cities are becoming indistinguishable.

Sobre la crisis de los centros comerciales tradicionales, The death of the American mall.

La posverdad como nueva forma de formar opinión

El año pasado se consolidó a nivel mundial una nueva forma de relacionarnos con la verdad, al surgir el término de la “posverdad”; para el Diccionario Oxford, que la nombró como el término del año 2016, “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

Este término tuvo repercusiones en la realidad: empezamos a ver que en campañas políticas celebradas en diferentes países, diferentes políticos empezaron sin empacho y sin rubor a hacer afirmaciones que no se sustentaban cuando se revisaban y verificaban; eso fue evidente en los casos de la campaña que logró el retiro de Gran Bretaña de la Unión Europea y en la que llevó a la Casa Blanca a Donald Trump en Estados Unidos. Hablamos del término de la “posverdad”.

La periodista Soledad Gallego-Díaz, nos recuerda que en la política de no pocos países la “negación absoluta de los hechos, de los datos y de la evidencia, sin la menor precaución ni decencia, está a la orden del día en conferencias de prensa, comparecencias públicas y discursos ante Parlamentos o instituciones“.

Dada la trascendencia que tuvo este término, surgió en los periodistas la urgencia de definir, comprender y decidir qué actitud se debía tomar para enfrentar el fenómeno de la posverdad, que significaba dejar de lado como guía para la acción a la verdad construida a partir de hechos verificables y comprobables, lo que tendría repercusiones más allá de la coyuntura.

Se estaba dinamitando un concepto nacido con la idea de la ciencia y del conocimiento sistemático a partir de un método que permite llegar a obtener en sucesivas aproximaciones a la verdad, el conocimiento en el que hay acuerdo generalizado por la manera en que se alcanzó; los hechos objetivos ceden su lugar como motor de acción y de visión del mundo a la emoción y la creencia personal (por cierto, los primeros son algunos de los valores en los que se sostiene la formación universitaria de nuestros días).

En los siguientes artículos se encontrará una discusión del término y de sus significaciones para el futuro:

Rubén Amón. ‘Posverdad’, palabra del año.

Raúl Trejo Delarbre. Con ustedes, la posverdad.

Entender el fenómeno de la posverdad es relevante para quienes se están preparando para ejercer el periodismo; la gran pregunta es cómo lograr en este mundo de la globalización. que las historias generadas a partir del oficio periodístico y publicadas en medios de comunicación “tradicionales” tengan más relevancia que las llamadas noticias falsas (la otra cara de la posverdad).

 

La robotización del empleo ya es una realidad

La globalización requiere cada vez más acelerar la sustitución de la fuerza de trabajo por robots;  las “[m]áquina[s] o ingenio[s] electrónico[s] programable[s], capa[ces] de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas“, según definición de la Real Academia de la Lengua son muy convenientes para el capital: no comen, no duermen, no necesitan descanso, no hacen “san lunes”, no piden vacaciones ni permisos por maternidad (o paternidad). Le permiten al capital acelerar la producción y una mayor tasa de ganancia.

Lo que parecía propio de la ciencia ficción (recuerden la obra de Isaac Asimov, Yo robot), se ha materializado; hay ramas industriales que han desplazado mano de obra por máquinas que producen, y eso se extiende a nuestros hogares y nuestras vidas: piensen en Siri de Apple o cualquier asistente de voz, como el Echo de Amazon, o la voz con acento castellano que nos guía en el tráfico; todas ellas son parte de algo más amplio, la inteligencia artificial.

Dejo estos materiales para la discusión: conozcan a Erica, el robot más autónomo creado hasta el momento y una revisión del grado de avance de la robotización que, según este artículo, la sitúan hacia la década de los años cincuenta de este siglo.

Pero antes de que eso suceda, una mirada de lo que ya llegó lo encuentran en dos videos breves: “A sneak peek into the future of robotics” y “Robots replace human jobs“.

Finalmente, les planteo una investigación que les atañe: otra acepción de robot de la Real Academia de la Lengua es aquel “[p]rograma que explora automáticamente la red para encontrar información“.

¿Cómo y de qué manera creen que la robotización afectará el oficio periodístico y comunicativo? ¿Qué pueden hacer para enfrentarlo? Recuerden que está en sus manos. Espero sus reflexiones.

Trump no es una anomalía del sistema capitalista, sino su expresión

Cuando se han cumplido los primeros 100 días de la presidencia de Donald Trump (que parece han sido diez años), es relevante recuperar este texto de Pablo Gentili, publicado al inicio de su presidencia en El País, que nos pone en la perspectiva de que la llegada de Trump a la Casa Blanca, lejos de ser una anomalía del sistema, es algo que era posible a partir de la actual naturaleza del capitalismo.

Así, Trump no es un truculento agitador antisistema; su naturaleza contestaria y agresiva no contradice las normas del sistema mundial; en este artículo se explica lo que es la “anomalía” llamada Trump: “los atributos de la odidada personalidad del nuevo presidente norteamericano son, nada menos, que las principales características del sistema al que supuestamente él se opone” (y Obama no fue todo lo bueno que pensamos muchos).

Empieza una era en la que “un sistema que, finalmente, ha decidido tener un presidente a la altura de su mandato de exclusión, de opresión, de muerte y dolor”. ¿Qué opinan?

El texto se puede leer en este vínculo.