El quehacer periodístico en la era de la desintermediación y las noticias a modo

Comparto a continuación las palabras que dirigí a estudiantes que terminaron su Licenciatura en Comunicación y Periodismo, generación 2014-2017 en la Facultad de Estudios Superiores Aragón. La ceremonia de entrega de diplomas se realizó el viernes 16 de junio de 2017.

Omití algunos párrafos: unos, en los que ampliaba mis comentarios en torno a las consecuencias de la victoria de Donald Trump en la esfera del periodismo y otro más, en el que les hacía una sugerencia de que salieran de su zona de confort de Facebook. Este último párrafo es el siguiente:

Les recomiendo abrir un perfil en LinkedIn o cualquier otra red de contactos profesionales, así como un blog que les permita crear un espacio donde dar muestra de su trabajo. Salgan de la zona de confort de Facebook, donde los leen sus cuates, y donde documentaron sus andanzas de sus años juveniles; ahora, se trata de que creen un espacio que los ubique en su ámbito laboral y en el que interactuen con sus pares.

Se agradecerán comentarios para generar una discusión general que oriente a los jóvenes estudiantes, con el fin de que se enriquezca su perspectiva del problema.

Se transcribe el discurso a continuación:

 

Palabras pronunciadas en la ceremonia graduación de la generación 2014-2017 de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo de la Facultad de Estudios Superiores Aragón

Miguel Acosta Valverde

Miembros del presídium.
Señores padres y señoras madres de familia.

Buenas tardes.

Antes que nada, agradezco profundamente a los estudiantes de la generación 2014-2017 de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo de la Facultad de Estudios Superiores Aragón el honor de haber sido seleccionado, en nombre de los profesores de la carrera, para dirigir a ustedes unas palabras en esta ceremonia de graduación.

Nos convoca el gozo de ver que una generación de jóvenes está terminando sus estudios universitarios; es una alegría y una satisfacción para la institución y para sus profesores, no e diga para ustedes mismos y sus seres queridos.

A ustedes jóvenes que están egresando, les extendemos una muy calurosa felicitación por haber llegado a este momento. Es muy probable que este proceso haya sido arduo, con obstáculos y dificultades pero su dedicación y perseverancia les recompensaron hoy y en el futuro, también.

Deben estar satisfechos: a lo largo de ocho semestres adquirieron conocimientos y experiencias que les permitieron un crecimiento tanto personal como académico que les ha dado las herramientas para ejercer una importante profesión, muy relevante en un mundo en el que será imperativo que desarrollen sus aptitudes y capacidades.

¿A qué me refiero?

A ustedes jóvenes periodistas, les toca vivir una nueva era en todos los sentidos, pero me concentro en la esfera de su campo profesional.

Hasta hace pocos años, los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y televisión), tenían la exclusividad de generar y transmitir contenidos y visiones del mundo hacia sus audiencias; era un modelo unidireccional en que había poca interacción entre creadores y consumidores de la información, el cual fue la base que permitió crear un modelo teórico de la comunicación que se expresó en la escuela norteamericana (no se asusten, no voy a dar clase).

Sin embargo, el desarrollo de internet, las redes sociales y los celulares inteligentes que hemos atestiguado en las últimas dos décadas (y que coincide, curiosamente, con su trayectoria de vida) empezó a hacer inviable el modelo de comunicación vigente en el siglo XX, y vio surgir un nuevo entorno, en lo que se ha llamado un proceso de desintermediación: hoy, cualquier persona con un celular inteligente puede generar contenidos y opinar gracias a tantas redes sociales que permiten difundir masivamente y al instante información y mensajes, con lo que se multiplica su impacto y pone en aparente desventaja a los medios de comunicación tradicionales.

Adicionalmente, hemos asistido a otro cambio en el modelo de comunicación: han proliferado las fake news (noticias falsas) y los hechos alternativos, que estarían dando paso a lo que se llamaría la era de la “posverdad”, una época en la que la forma tradicional de generar información de manera objetiva, oportuna y veraz está siendo cuestionada y estaría cediendo su lugar a informaciones interesadas que construyen historias sin importar si son verdaderas.

Un hecho que aceleró esta era fue el ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos; una de sus estrategias fue construir un discurso en el que hizo a un lado las noticias difundidas por los medios tradicionales, como el New York Times, el Washington Post, el Wall Street Journal, entre otros, informaciones construidas siguiendo los cánones periodísticos que han regido la formación de los periodistas durante varias décadas (en las que se educaron ustedes), y que no son dirigidas a un público en particular.

Contra ello, y siguiendo un modelo desarrollado por sitios de internet de grupos conservadores, autodenominados la derecha alternativa, Trump empezó a construir un mundo en el cual sólo existen informaciones que retratan la realidad conveniente para sus intereses. Las noticias publicadas por medios tradicionales que no le benefician, las etiqueta como fake news. Y para responder ante cuestionamientos de que se apoyaba en noticias falsas, se dio paso a los “hechos alternativos” o las verdades a la medida de lo que se desea. Bienvenidos a la era de la posverdad.

Después del shock que significó el triunfo de Donald Trump y la incapacidad de los medios tradicionales de leer lo que estaba sucediendo (como, por ejemplo, la cantidad de votantes demócratas que estaban decidiendo votar por aquel), la prensa ha tenido que repensar su papel en este nuevo mundo. Los medios ya no podían dejan pasar hechos falsos, sino que tuvieron que verifican y confrontan esas afirmaciones con hechos y cifras obtenidas de manera objetiva.

Los medios aprendieron a la mala que hoy más que nunca su labor consiste en publicar noticias de la manera más objetiva posible, lo que es clave para mantener la salud y la viabilidad de un sistema político democrático. En ese sentido, el Washington Post cambió su eslogan a “La democracia muere en la oscuridad”, mientras que para el New York Times, los periodistas son su riqueza más grande.

Toda esta historia se las cuento porque refleja que su quehacer periodístico se desarrollará en una nueva era, en la que, por si fuera poco, se está empezando a comunicar mediante la generación de emociones, que apela, no al individuo racional de la Ilustración, un ciudadano o un consumidor racionales, sino a las emociones.

Todo esto les augura un desempeño profesional nada aburrido, al contrario, muy interesante.

¿Qué hacer, jóvenes, ante este panorama?

La buena noticia en toda esta historia es que no ha cambiado la necesidad de tener profesionistas preparados y capaces de adaptarse a esta nueva situación, y de ser creativos para enfrentar y resolver los nuevos desafíos.

Hoy más que nunca necesitamos periodistas y comunicadores que manejen las herramientas teóricas y metodológicas para generar noticias que den cuenta de los temas que preocupan a los ciudadanos, que les afectan en su entorno vital o que pueden cambiar el curso del país, frofesionistas que han adquirido los conocimientos necesarios para contrarrestar la desinformación que parece campear para dotar de contexto y sentido las historias que se desarrollan en las redes sociales.

Aparte, los medios tradicionales están evolucionando y las fronteras entre prensa, radio y televisión se están borrando, por lo que puede que deban ser expertos en cada uno de esos medios. Ha llegado la etapa del storytelling, en donde las historias se cuentan atendiendo a la naturaleza de los medios en que se difunden.

¿Qué está en sus manos?

En principio, no preocuparse, sino ocuparse.

Lograron concluir sus estudios universitarios; sin embargo, muchísimos jóvenes, entre ellos, algunos de sus compañeros, se quedaron en el camino. Jóvenes, ustedes son privilegiados, pero no olviden que eso trae aparejada una responsabilidad.

Cierren este ciclo profesional; hoy reciben un diploma, pero no han terminado su carrera; la habrán concluido cuando se titulen. No crean que ya la hicieron con su diploma. Presiónense a ustedes mismos para acabar. Si ya tienen empleo, redoblen su esfuerzo para titularse; si no han conseguido uno, aprovechen el tiempo para sacar idiomas, servicio, prácticas profesionales y la tesis. Por cierto, es una ventaja que la facultad les da más opciones que la tesis y la tesina; si se deciden por éstas, no quieran sacar la tesis perfecta. La tesis perfecta es la tesis terminada.

Si quieren una razón más para titularse, ahí va: es una forma de corresponder y agradecer el trabajo de sus padres y de sus abuelos que hicieron todo lo posible para que ustedes llegaran aquí. Honren ese esfuerzo.

Recibieron la mejor educación posible. Recuerden, egresan de la UNAM, una de las mejores universidades, aquí y en China. Aun así, les sugiero que no dejen de prepararse: toca que se especialicen para colocarse; aprovechen lo que les apasione y sigan ese camino. El periodismo de investigación y el periodismo de datos son sólo dos opciones interesantes. Hay varias instituciones que les llevarán a un nuevo nivel en su desempeño y no sólo hablo de maestrías, sino diplomados. Si pueden, salgan al extranjero, prepárense.

Reflexionen y analicen cómo hacen su quehacer profesional. Piensen qué pueden mejorar.

Verifiquen y validen información; no publiquen sin antes asegurarse que es cierto lo que dijeron.

No se limiten. Si no están en el espacio profesional apropiado, que les guste, creénlo.

Puede que les toque encontrarse con quienes no quieren que se dé a conocer lo que sucede y pretendan limitarlos en su libertad de expresión; ante ello, sean cautos, pero busquen llegar lo más lejos que puedan.

Sean honestos en su quehacer periodístico. Traten de hacer lo mejor posible y dar su visión de la realidad.

Les recomiendo abrir un perfil en LinkedIn o cualquier otra red de contactos profesionales, así como un blog que les permita crear un espacio donde dar muestra de su trabajo. Salgan de la zona de confort de Facebook, donde los leen sus cuates, y donde documentaron sus andanzas de sus años juveniles; ahora, se trata de que creen un espacio que los ubique en su ámbito laboral y en el que interactuen con sus pares.

No cualquier persona es periodista por difundir una información; se necesita la teoría, la técnica y la metodología que ustedes adquirieron en la carrera. Ante la rapidez de los acontecimientos, ustedes deben ser capaces de decodificar, analizar y presentar la información que le aporte conocimiento y explicación de lo que sucede.

Todo está por construirse. Vivimos en una época fascinante en la que queda inventar lo que va a ser el mundo y el periodismo en los próximos 30 o 40 años, periodo que coincidirá con su práctica profesional. Creen el mundo en que el quieran trabajar y vivir.

Asistimos al cierre de varios ciclos, es una etapa decisiva que va a marcar un antes y un después. Son privilegiados. Lo van a disfrutar y reseñar.

Tengan pasión para ejercer su oficio, su profesión. Sentirán que no es trabajo y hasta recibirán ingresos, que será lo mejor.

Sé que están a la altura de los desafíos que van a enfrentar.

Empiezan una etapa más divertida que la que están cerrando, la laboral. Disfrútenla y vívanla plenamente.

Muchas gracias.

 

Ciudad Nezahualcoyotl, México, a 16 de junio de 2017.

 

Urbanismo globalizado: ciudades convertidas en un gran centro comercial

La globalización ha cambiado muchos aspectos de nuestras vidas de una manera en la que aún no nos damos cuenta, pero aún está por transformarla de manera más profunda; y las ciudades son un espacio en el cual ese cambio se va a manifiestar de manera notable.

Ciudades contemporáneas transcurrieron sin grandes cambios a lo largo de varios siglos hasta que la segunda revolución industrial (que incluyó la invención del automóvil, el uso del acero para levantar rascacielos y la creación de los centros comerciales o “malls“) permitió adecuar sus características y dimensiones a lo que se demandaba.

A diferencia de la tendencia de cierres masivos de centros comerciales que se observa en ciudades antes industrializadas de Estados Unidos (justo en las que Donald Trump se alzó con la victoria), con la globalización estamos asistiendo en países desarrollados a una nueva propuesta que busca redefinir a los centros o plazas comerciales como el centro citadino, entendidos como los nuevos “lugares donde hay que estar“, en los que hay que “comprar, comer, beber, jugar, todo bajo un magnífico techo“.

Se habla de un nuevo tipo de urbanismo global en el cual el centro comercial difícilmente se puede distinguir de la ciudad, en la que ésta se está volviendo en un gran centro comercial; frente a espacios cerrados, vigentes en el siglo XX, se plantea la idea de “ciudad abierta”, en la que los centros comerciales cumplirían funciones similares a las ciudades.

El centro comercial no estaría muerto, sino integrándose de una manera más profunda con las ciudades, con lo que la ciudad se convertirá en un gran centro comercial.

Siendo la globalización un fenómeno que tiende a trasladar ideas de un país a otro, no siempre adaptándolas a la nueva realidad, ¿qué consecuencias puede traer para nuestras ciudades que tienen un nivel menor de desarrollo que Nueva York, Beijing, Melbourne o Hong Kong? ¿Cómo viviremos la muerte de centros comerciales como los conocemos y la conversión de las ciudades en centros comerciales? ¿Qué pasará con los comercios no incluidos en esos nuevos “malls“? ¿Cómo creen que les afectarán esta nueva forma de ciudad?

Las lecturas de esta entrada son:

All under one roof: how malls and cities are becoming indistinguishable.

Sobre la crisis de los centros comerciales tradicionales, The death of the American mall.

La robotización del empleo ya es una realidad

La globalización requiere cada vez más acelerar la sustitución de la fuerza de trabajo por robots;  las “[m]áquina[s] o ingenio[s] electrónico[s] programable[s], capa[ces] de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas“, según definición de la Real Academia de la Lengua son muy convenientes para el capital: no comen, no duermen, no necesitan descanso, no hacen “san lunes”, no piden vacaciones ni permisos por maternidad (o paternidad). Le permiten al capital acelerar la producción y una mayor tasa de ganancia.

Lo que parecía propio de la ciencia ficción (recuerden la obra de Isaac Asimov, Yo robot), se ha materializado; hay ramas industriales que han desplazado mano de obra por máquinas que producen, y eso se extiende a nuestros hogares y nuestras vidas: piensen en Siri de Apple o cualquier asistente de voz, como el Echo de Amazon, o la voz con acento castellano que nos guía en el tráfico; todas ellas son parte de algo más amplio, la inteligencia artificial.

Dejo estos materiales para la discusión: conozcan a Erica, el robot más autónomo creado hasta el momento y una revisión del grado de avance de la robotización que, según este artículo, la sitúan hacia la década de los años cincuenta de este siglo.

Pero antes de que eso suceda, una mirada de lo que ya llegó lo encuentran en dos videos breves: “A sneak peek into the future of robotics” y “Robots replace human jobs“.

Finalmente, les planteo una investigación que les atañe: otra acepción de robot de la Real Academia de la Lengua es aquel “[p]rograma que explora automáticamente la red para encontrar información“.

¿Cómo y de qué manera creen que la robotización afectará el oficio periodístico y comunicativo? ¿Qué pueden hacer para enfrentarlo? Recuerden que está en sus manos. Espero sus reflexiones.

Trump no es una anomalía del sistema capitalista, sino su expresión

Cuando se han cumplido los primeros 100 días de la presidencia de Donald Trump (que parece han sido diez años), es relevante recuperar este texto de Pablo Gentili, publicado al inicio de su presidencia en El País, que nos pone en la perspectiva de que la llegada de Trump a la Casa Blanca, lejos de ser una anomalía del sistema, es algo que era posible a partir de la actual naturaleza del capitalismo.

Así, Trump no es un truculento agitador antisistema; su naturaleza contestaria y agresiva no contradice las normas del sistema mundial; en este artículo se explica lo que es la “anomalía” llamada Trump: “los atributos de la odidada personalidad del nuevo presidente norteamericano son, nada menos, que las principales características del sistema al que supuestamente él se opone” (y Obama no fue todo lo bueno que pensamos muchos).

Empieza una era en la que “un sistema que, finalmente, ha decidido tener un presidente a la altura de su mandato de exclusión, de opresión, de muerte y dolor”. ¿Qué opinan?

El texto se puede leer en este vínculo.

 

¡Es el neoliberalismo, estúpido!

El neoliberalismo es una ideología tan exitosa que domina nuestra vida y es capaz de lograr que la ignoremos y evitemos nombrarla, pensarla y discutirla.

Ha jugado un papel mayor en una gran variedad de crisis: la hecatombe financiera de 2007-2008, la fuga de capitales hacia paraísos fiscales (en los cuales los Panama Papers son apenas un atisbo), el lento colapso de la educación y de la salud públicas, el incremento de la pobreza infantil (y la pobreza generalizada, agrego), la epidemia de soledad, el colapso ambiental o el ascenso de Donald Trump. Hemos cometido el error de responder de manera aislada a estas crisis, sin darnos cuenta de que todas ellas han sido catalizadas o exacerbadas por la misma filosofía coherente, una filosofía que tiene un nombre: el neoliberalismo.

Las anteriores ideas forman parte de la introducción del artículo (y libro) de George Monbiot, Neoliberalism – the ideology at the root of all our problems, es un recuento puntual de qué es esta doctrina, de sus raíces teóricas (que se encuentran en las ideas de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek), y de cómo fue ganando consenso y aceptación que llevaron a Ronald Reagan y a Margaret Thatcher a abrazar esta ideología y convertirla en el centro de la política económica que desde finales del siglo XX se ha convertido en la ideología económica dominante, sin que eso que llamamos izquierda haya sido capaz de balbucear siquiera una mínima alternativa.

Parafraseando la expresión que jugó un papel decisivo en la campaña que permitió a Bill Clinton ganar la presidencia en 1992 (“Es la economía, estúpido“), para entender y transformar nuestra realidad debemos recordar: “Es el neoliberalismo, estúpido“.

El artículo se puede leer en este vínculo.